Laos, extenuantes sentimientos encontrados

A ver, voy a ser sincera: no soy fan de la naturaleza. Sí claro, me gustan los perritos y los gatitos, la playa, bucear, los paisajes espectaculares… ¿A quién no? Pero tengo que admitirlo, me gusta la naturaleza “ordenada”. Senderizada (si puede ser hasta pavimentada, mejor), con carteles que me digan a donde ir, y que sea fácil de atravesar. Me llevó mucho tiempo asumirlo, como si fuera algo terrible o si algo estuviera mal en mí; como si no fuera lo “viajeramente correcto” no disfrutar sudar cinco litros de transpiración para hacer 100 metros por un camino difícil con piedras y ramas y bichos que aparecen de todos lados y telas de araña que se te pegan en el cuerpo y charcos de agua y más bichos y humedad y mejor no sigo porque ya me pongo mal mirá! En fin, ¿entienden lo que quiero decir? Yo soy una chica de ciudad, y la naturaleza como Dios la trajo al mundo es demasiado para mí.

Sin embargo, nunca, jamás, never in the puting life, un paisaje urbano me hizo llorar de ese no sé qué que sólo la Naturaleza como Dios la trajo al mundo sabe generar en nosotros. ¡Nunca! Los paisajes que me sacaron el aliento, que me hicieron reír de la felicidad de estar ahí en ese momento, que me sacaron lágrimas amontonadas que nunca sabés de donde vienen pero que te hacen dar ganas de abrazar al Universo y decirle “¡Gracias, sos magia!”, siempre fueron paisajes naturales; esa naturaleza que simplemente ES, que hace tiempo ESTÁ SIENDO, manifestándose para todos y a la vez para nadie, que nos hace darnos cuenta de lo chiquititos y efímeros que somos. ¿Sabés lo que es llorar viendo un Karst? Ojalá lo sepas, ojalá alguna vez sientas lo que yo sentí cuando vi un Karst por primera vez, ¡Porque es único! ¿Y todo gracias a quién? A la Naturaleza, claro está.

En este post la idea es mostrarles un poco esos paisajes naturales increíbles que son parte del norte de Laos. Estuvimos poco tiempo visitando el país, unos quince días en el Norte antes de cruzar a Vietnam; el plan original era cruzarlo de norte a sur pero cambiamos de idea, ya no recuerdo por qué. Algunas de las fotos de esta publicación no son mías, sino que son tomadas de internet. No es haraganería ni “viveza criolla”, sino que mis fotos, tooooodas mis preciadas fotos del viaje, se fueron junto con mi cámara cuando nos robaron (ya hablaré de eso en su momento). Mostrar paisajes sin fotos es un poco contradictorio y por eso recurrí al vasto google… Elegí aquellas que más me recordaban a lo que yo vi, aunque no sean de mi autoría ¡Espero puedan entenderme!

Laos es un país que, como todos, tiene su personalidad. Claro que es parecido a los demás del Sudeste, pero tiene lo suyo. En Laos se duerme siesta a demanda física y no cuando el reloj lo permite, se toma bastante alcohol, y la vida transcurre a un ritmo realmente lento, casi adormecedor. Lo difícil en Laos es moverse, ya sea en transporte público o por cuenta propia: las rutas están en MUY mal estado siendo muchos caminos enteramente de tierra y bastante llenos de pozos, todo lleva bastante tiempo y sobre todo demanda energía y paciencia, y a mí la última se me agota rápido. En Laos viví encontronazos de sentimientos, se me mezclaba el “¿Quién me manda a venir acá? ¡Me quiero ir!” con “Este lugar es hermoso, ¡Menos mal que vine!”. Es un país ideal para quienes son amantes de la naturaleza; para los que no tienen problema en ensuciarse caminando en el barro por algunos kilómetros, o pedalear por rutas imposibles, o en sudar un poco extra con tal de llegar a donde se quiere llegar. La recompensa al esfuerzo es alucinante, ¡Créanme! Pero también estén preparados. Personalmente creo que no volvería a Laos justamente por este problemita mío con la naturaleza no organizada, pero lo recomiendo 100% si no son un poco vagos como yo.

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¡Qué bueno que es vivir como esta gente! Foto: flyicarusfly.com

Cruce del Mekong y Luang Prabang

Una de las mejores experiencias en Laos, sin dudas, es cruzar el Río Mekong en barco. EL cruce toma dos jornadas de aproximadamente 6 hs de navegación cada una, saliendo de Tailandia y desembarcando finalmente en Luang Prabang (ese epicentro que hace que se les infle el pecho de orgullo a los franceses). Atravesar el Mekong en barco es extremadamente glorioso; la mirada se te pierde en el paisaje, en los árboles que están en la ribera, las rocas que sobresalen cada tanto, el río que fluye poderoso y correntoso… La travesía cansa pero vale la pena totalmente, y para mí es casi fundamental hacerla si se viene desde Tailandia. Sumado al viaje en sí mismo, hay tiempo de sobra para hacer sociales con los demás viajeros, lo que hace que sea más divertido. Particularmente nosotras hicimos el cruce con dos chicos franceses con los que era imposible no pasarla bien; los conocimos en Tailandia y como teníamos el mismo plan aproximado, nos juntamos. A decir verdad estábamos un poco desorientadas, como siempre, y nos pegamos a ellos de una forma que pareciera casual (¿?); coincidimos un poco en Luang Prabang y ya después tomamos rumbos diferentes, ¡Pero la pasamos súper mientras!

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La vista que podés tener desde la ventana del Slow Boat. Foto: easia-travel.com
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Sin palabras! foto: travelfreak.net

Luang Prabang es una ciudad hermosa; su arquitectura afrancesada protegida por UNESCO,  sus templos y su ribera con el Mekong la hacen ser sumamente bella, aunque no es reflejo del resto de país. Es más bien una especie de puesta en escena más prolija, ordenada y solvente de lo que es el resto de Laos, gran parte producto de la protección que UNESCO le brinda. De todos modos fue allí donde después de dos meses de viaje volvimos a comer… ¡PAN, pan de verdad! Si en este momento te parece que estoy loca, imaginate que a partir de mañana y durante tiempo indeterminado no vas a poder comer más pan, hasta que dos meses después, cuando ya te habías resignado a nunca más disfrutar de tan simple manjar, ves un puesto que vende decenas de variedades de sándwiches preparados con baguettes, crujientes y esponjositas baguettes, de esas que tienen la corteza bien crocante y adentro son blanditas; ¡Y están calentitas y huelen tan bien! Estoy segura que se te hizo agua la boca, y eso que comiste pan hace un rato… ¡Luang Prabang y sus baguettes por siempre en mi corazón!

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Tantas baguettes oh por dios vengan a mí! Foto: altibajosenmochilas.com
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Desde la cima del Monte Phousi, desde donde se ve todo Luang Prabang (aunque nosotras tapemos el paisaje)
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Luang Prabang desde el Monte Phousi
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Fotos impresentables con los chicos de Francia y de Japón!

Vang Vieng

Capital nacional del tubing (no sé qué es el tubing, nunca lo hicimos, creo que tiene algo que ver con gomones y flotar en el río pero no estoy muy segura), Vang Vieng es uno de los grandes atractivos turísticos de Laos y no es para menos: tiene los paisajes más hermosos que yo haya visto en el país, es realmente bello. Muchas veces hay que armarse de paciencia para llegar a donde se quiere llegar, ya sea alquilando motos o bicis; prepararnos para la inminente lluvia que siempre llega en algún momento (si viajamos en temporada de lluvias), tener en cuenta que algunos caminos van a tener mucho barro, y cosas por el estilo. De nuevo, si no les gusta mucho ensuciarse, como es mi caso, puede que esto les genere un cierto estrés, están avisados.

El primer día alquilamos dos motos y nos fuimos a recorrer los alrededores, y ahí fue cuando los vi por primera vez. Seguro no fuera exactamente la primera vez, en el Sudeste este tipo de formación rocosa es bastante común, pero fue la primera vez que los vi tan imponentes, que realmente noté su presencia. La ruta estaba despejada, teníamos campos de arroz a ambos lados y a la derecha, como marcando el camino, los karsts enormes dominaban todo el paisaje. Tienen una presencia imponente, están cubiertos de árboles y los siento más vivos que una montaña, como si fueran más amigables, más cercanos, más humildes. Y sí, qué querés que te diga, lloré viéndolos, creo que todas lloramos. ¿Cómo no te va a conmover semejante perfección? Fue imposible en ese momento no pensar que hacía menos de un año ni sabía de la existencia de un país llamado Laos, y ahora me estaba volando la cabeza. Ese mismo día seguimos paseando, visitamos una cueva ¡nuestra primera cueva! Y encontramos una especie de río/arroyo de montaña súper hermosísimo para remojarnos las patas.

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Usted sí que sabe señora Naturaleza

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Nuestro río/arroyo y ¿Dónde está Coni?

Otro día, alquilamos bicicletas. Alquilar vehículos de cualquier tipo es una lotería, te puede salir muy bien o muy mal… Como el alquiler de motos en Laos es bastante más caro que en Tailandia por ejemplo (ya no recuerdo los valores pero era algo así como el doble), decidimos salir a recorrer en bicicleta. Enfrente del hotel alquilaban bicis tipo mountain bike, así que fuimos, elegimos tres y salimos a pasear. El plan era llegar a una cascada que estaba no muy lejos, a unos 5 kilómetros aproximadamente, y si bien nos habían dicho que el camino no era el más lindo de todos, se podía hacer en bici poniéndole onda. De modo que ahí salimos, a pedalear bajo el sol laosiano de las 2 de la tarde, a buscar el camino que nos llevaba a la cascada, ayudándonos de un mapa un tanto precario hecho a mano que nos habían dado el día anterior en el alquiler de motos. Como soy medio vaga, yo hubiera alquilado motos, pero pedalear por la ruta no era tan terrible después de todo, y tras unas idas y venidas finalmente dimos con el camino que nos iba a llevar a la cascada en cuestión. El camino por supuesto, era de tierra, y tenía una leve pendiente hacia arriba que hacía que todo el camino fuera en una subida lenta y sostenida. El calor era terriiiiiiible, no puedo enfatizar cuánto, y por supuesto la transpiración no se hizo esperar. Y mi fastidio tampoco (¿¡Por qué sos así Ayelén,  por qué sos así?!). Sumado a esto mi bicicleta tenía algunos problemitas con los cambios, y por problemitas me refiero a un “clac clac claclac… clac clac claclac” incesante cada vez que tenía que hacer un poquito más de fuerza para avanzar, lo que terminaba haciendo que me tuviera que bajar y caminar al lado directamente. En fin, que llegué al punto de anunciarles a mis compañeras de viaje que “¡la próxima vez yo me alquilo una moto y ustedes si quieren se van en bicicleta!” seguido de una sarta de puteadas destinadas a mi vehículo no veloz. Puedo llegar a niveles insospechados de ser insoportable cuando estoy fastidiosa, no lo puedo evitar.

Finalmente entre clacs clacs y clacs clacs logramos llegar a la cascada, ¡Que por cierto era muy linda! El agua era súper fresca, no había peces picapies, y la caída de agua servía como el mejor de los hidromasajes que uno puede esperar. (Las fotos se las debo, usen su imaginación). Otra vez, la Naturaleza mostrándome que sí, a veces es difícil llegar y que sí, te vas a preguntar “¿Para qué mierda vine?”. Hasta que llegás a destino y decís “ah ok, ¡Por esto es que vine! Perdón Naturaleza, nunca más voy a dudar de vos pero… ¿Podrías considerar la próxima vez ser más fácil de transitar?”

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