Más vale tarde que nunca…

El viaje ya terminó y las crónicas quedaron inconclusas. Gran parte de eso es por mi vagancia para escribir, me lleva mucho tiempo y es un desgaste mental importante; otra parte se debe a que muchas situaciones vividas formaban parte de la cotidianeidad y de esa manera se volvían banales o poco relevantes, hasta que, al ser relatadas cobraban otro sentido: lo que para mí se había vuelto normal, para alguien a miles de kilómetros que nunca había puesto un pie por esas zonas, era asombroso, interesante, diferente, curioso… Lo cotidiano de pronto se volvía novedad, y cobraba otro sentido, otra importancia. Esas cosas merecen ser contadas, y lo serán a su debido tiempo.

Hay dos preguntas que son las que más me hicieron en estos dos meses de reencuentros varios. << ¿Cómo fue lo del robo? >> es la primera, y me resulta curiosa por cuanto quien pregunta en general sólo quiere saber eso, y con esa información se queda. No quiero que se interprete como que me hiere el ego que no pregunten más, sino más bien me resulta un tanto obtuso, cerrado, que tras nueve países y seis meses de viaje, su única curiosidad sea un robo. Sí, fue feo, etcétera etcétera, pero hoy día lo veo casi como un hecho más del viaje, casi secundario, sobre todo si lo pienso desde el punto de vista de un interlocutor. Que la única curiosidad que se despierte sea hacia un hecho tan poco representativo y por sobre todo negativo, creo que dice mucho de cómo vemos y encaramos la vida.

La otra pregunta es casi siempre << ¿Qué es lo que más te gustó? >>. Después de contestar (medio en chiste y medio en serio) << Los turcos >>, puedo formular una respuesta un poco más real. Algunos días es haber buceado; nadar entre peces de mil colores, corales brillantes, y ver toda esa vida submarina es hermosísimo y creo que todos debiéramos probarlo una vez en la vida. Otros días es Vietnam en moto; decidir los horarios de salida y llegada sin depender de un micro, ser una sola con la inmensidad y la belleza del paisaje vietnamita, conocer lugares fuera del recorrido turístico del país y sentirlo además como un viaje dentro del viaje, fue una aventura alucinante.

Pero creo que al pensarlo con más calma, lo que más gusta no es lo que se hace sino con quién o cómo. Orwell dijo algo así como que no importa lo lindo o espectacular de un lugar, sino más bien cómo nos sentimos en nuestro corazón al estar ahí, y para mí es tal cual. Hubo lugares que disfruté muchísimo aunque eran de esos donde “no hay nada para ver” y otros que no supe disfrutar por más espectaculares que fueran, por estar con la cabeza en otro lado (por ejemplo, pensando en mi futuro incierto cuando el viaje terminara). Se puede estar en la cima del mundo y sentir que apesta, que no es suficiente; o se puede estar en un lugar más del montón, y ser feliz con un atardecer y una cerveza compartida con amigos, para recordar más tarde ese momento y lugar con cariño. Todo depende de nuestros ojos y nuestro corazón de ese día. Lo que atesoramos es el momento, el lugar es simplemente parte del paisaje.

Las crónicas inconclusas serán completadas, espero que nunca concluyan. Y espero que lo que sea compartido en este espacio, genere algo en quien lo reciba; contarles mi experiencia ciertamente genera algo dentro de mí.

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