El día en moto en el que todo salió mal (parte II)

Los hechos y personajes de esta historia pertenecen, aún, a la realidad. Cualquier parecido con la ficción, sigue siendo pura coincidencia. 

Los primeros dos kilómetros fueron suficientes para que termináramos de aceptar que teníamos que arreglarnoslas solas, y para darnos cuenta de que la solución siempre estuvo al alcance de nuestras mochilas. Sam Gamyi dijo “nunca emprendas un viaje sin empacar una cuerda”, y yo le hice caso. Así es, en el bolsillo de mi mochila hay unos metros de soga que usamos para colgar nuestra ropa en los hoteles (muy decorativo), y que ahora podía servirnos perfectamente para llevar la moto de tiro hasta algún taller. No sonaba fácil pero dado que no había opción, tampoco había lugar para dudas.

Finalmente, llegamos al encuentro de Ana; nos alivia verla, saber que no le pasó nada y que la moto sigue intacta. Entre tragos de agua nos cuenta la historia más inverosímil: en el tiempo en que nosotras no estuvimos, pararon dos chicos en moto y la llevaron a un taller; el precio que le pedían por el arreglo era bastante abultado para ser Vietnam (500.000 dong, algo así como 25 dólares) y por no desencontrarse con nosotras prefirió rechazar la oferta y volver a la ruta. Los chicos la acompañaron y la dejaron en el mismo lugar, a la espera de nosotras. Si todos los vietnamitas fueran así, todo sería tan fácil!! El taller está cerca, hay que salir de la ruta por una bajada de tierra improvisada y manejar aproximadamente un kilómetro. Con energía renovada, y pensando que todo está encaminándose, nos encaminamos nosotras también a la bajada, para volver al taller. Quizás allá podemos regatear el precio, y abaratar un poco los costos.

La barranca no es alta ni muy empinada, pero de todos modos intimida; está llena de piedras grandes que están un poco sueltas, tiene barro y hay que pasar por debajo de un cerco de alambre roto, cuya abertura tiene la altura suficiente para una moto y una persona. Allá vamos, bajamos primero la moto que funciona sin mayores problemas, y entre las tres bajamos la otra. Solamente nos embarramos un poco las zapatillas, podría haber sido peor. Atamos una moto a la otra y llegamos finalmente al taller, muertas de calor y un poco cansadas, esperando solucionar rápidamente el problema y asi poder volver a ponernos en marcha. Hanoi no está tan lejos, son algo así como las 15.30 y quizás podemos llegar o al menos acercarnos bastante, si todo sale bien.

El mecánico no está, sólo está su familia. Nos dan unas sillas plásticas y hablando a los gritos nos dicen que lo esperemos, mientras alrededor empieza a aparecer lentamente un grupo de curiosos vecinos, algo a lo que nos hemos acostumbrado en los pequeños pueblos. A lo que sigo sin poder acostumbrarme es al humor de los vietnamitas; sin ningún tipo de reparo nos señalan, hablan entre ellos, se ríen, nos miran, se vuelven a reír. Es verdaderamente irritante, sobre todo cuando las cosas no se te vienen dando bien y lo que menos querés es sentir que además, se burlan de vos. Llamenle paranoia, histeria, como quieran, pero les aseguro que colma la paciencia.

Finalmente, y después de media hora de espera, llega el mecánico. Abre la moto, saca la correa rota, y nos dice su invariable precio: 500.000 dong. Intentamos regatear, pero es inutil, el mecánico se mantiene en sus trece y su esposa, uno de los personajes satélites de la historia, vocifera en vietnamita, se sigue riendo y señala nuestra cartera. Qué personaje más exasperante! La negociación sigue por 15 minutos y cuando vemos que no vamos a tener alternativa, accedemos, resignadas, a pagar lo que nos piden. Cabe recordar que todo esto transcurre en vietnamita y con un odioso traductor de intermediario, que sigue empecinado en incomunicarnos. El mecánico finalmente asiente con la cabeza y nos hace entender que tiene que ir a comprar la nueva correa, que ya viene. Genial, más tiempo de espera con su esposa gritona y su séquito de vietnamitas curiosos, que de a ratos son agradables y de a ratos no tanto. Nos sentamos a esperar el repuesto, mientras internamente aceptamos que llegar hoy a Hanoi no va a ser posible, con suerte mañana.

Cuarenta minutos después, nuevamente hace su entrada triunfal a la escena, EL mecánico, y está vez trae el preciado repuesto salvador. Menos mal, ya son pasadas las 17.30 y en un rato empieza a oscurecer, hay que irse de acá cuanto antes. El séquito de vietnamitas se reúne alrededor de la moto, las chicas esperan sentadas y yo me acerco a mirar, y lo que veo no lo creo. La correa que trajo es grande, no sirve para esta moto; comunico lo que pasa y las chicas no saben si reirse o llorar. El mecánico prueba de mil maneras pero no hay caso, hay que buscar otra que quede bien. Nuevamente el mecánico se retira de la escena, y ya son más de las 6 de la tarde. Nos prometió volver para las 19.00, cosa que a esta altura nos cuesta creer, pero de todos modos, que opción tenemos? Ya nos parece una estafa pagar 500.000 por un arreglo y tres horas de espera, estamos ofuscadas y sobre todo, cansadas. El calor y la ruta dejaron huella en nosotras, estamos transpiradas y cubiertas de tierra y en lo único que pensamos es en irnos de este taller, encontrar alojamiento, darnos una buena ducha y si tenemos suerte, encontrar algo abierto para cenar. El grupo de vietnamitas que nos rodea se renueva constantemente, algunos que se fueron volvieron, otras son caras nuevas, y la irritante esposa sigue firme. No es sino hasta las 19.30 que el mecánico finalmente vuelve, está vez con la correa que sí encastra… o al menos eso cree él.

La siguiente escena era para verla; el mecánico en cuclillas delante de la moto, al menos diez vecinos mirando y nosotras, también. El mecánico trabaja y todos estamos expectantes a los resultados, no nos queremos perder movimiento. Si alguien nos hubiera visto, hubiera pensado que estábamos mirando la final de un Mundial de fútbol por penales o algo parecido, toda nuestra atención concentrada en la moto y su repuesto. Primer intento, y la correa no calza. Segundo intento, desde otro ángulo, y no calza. Mirando bien, vemos el problema: a la nueva correa le faltan al menos cinco centímetros para llegar a su lugar; señoras y señores del público presente, lamento comunicarles que la correa ahora, es corta. Si no creen lo que leen, imaginen lo que sería vivirlo. Casi cuatro horas esperando un arreglo, sucias, cansadas y desanimadas; cuatro horas de espera que perdimos de viaje, de visa, de nuestro tiempo en Vietnam, y todo para que? Para una correa corta!

En el taller la expectativa está a punto de ebullición y nuestra sangre ya hierve hace rato, nos queremos ir de ahí como sea, ya no nos importa que sea con la moto arreglada, de tiro, a la rastra, nos vamos y punto. No entendemos nada de mecánica pero cuando ves que están entre dos queriendo poner un repuesto con dos destornilladores y un martillo, te das cuenta que algo va mal, y no queremos pagar por un arreglo mal hecho. Pedimos que nos armen la moto, la volvemos a atar y otra vez a la ruta con la moto de tiro. Ah, les dije que ya es de noche?

Noche. Es de noche y seguimos, después de cinco horas, en la misma ruta frente a la misma barranca de tierra, sólo que esta vez hay que subirla y eso no es tarea fácil. Sam Gamyi no dijo nada acerca de linternas pero yo llevo una conmigo, así que linterna colgada y manos dispuestas, empezamos a empujar. Si la bajada costó, la subida es peor; el barro nos hace resbalar, la moto casi se cae y nosotras con ella, no vemos nada y esto recién empieza. Finalmente logramos equilibrarla y entre la moto de adelante que tira y nosotras que empujamos, la logramos subir. “Ayelen, todo pasa por algo. Esto como todo es un aprendizaje, tenés dos compañeras de puta madre y vamos a salir de esta” me digo a mi misma, y después miro el cielo, donde mi estrellas brillan. Respiro hondo y a seguir.

Coni maneja la moto de adelante y yo llevo el GPS. Ana, en la moto rota, la dirige y así nos disponemos a marchar. Lo único que deseo es que la moto no se quede, que aguante tirando, por favor Universo no seas tan malo! Son sólo 15 km hasta el siguiente pueblo, y si todo sale bien deberíamos llegar a eso de las 21.30. En esta parte, las cosas salieron bien y a 20 km/h llegamos finalmente a Bao Ha, donde iríamos a pasar la noche. Ahora a buscar alojamiento, y ojalá encontremos rápido porque esta situación no da para más, o mejor dicho nosotras no damos más!

Además de talleres, lo que abunda en Vietnam son las Na Nghi, u hoteles familiares. En general son modestos pero tienen todo lo que necesitamos: agua caliente, internet, ventilador o aire acondicionado y además, son súper baratos. De modo que sin buscar demasiado, entramos a la primera que encontramos. 250.000 dongs (10 dólares entre las tres), dos camas grandes y ducha caliente; en este momento lo veo como la suite presidencial del Hilton, y ahí nos quedamos. Paramos las motos, dejamos las mochilas y nos sentamos, extenuadas. La gente del hotel es más que amable y nos trae fruta, agua fresca y se ofrecen a mostrarnos un restaurante cerca, y estamos más que agradecidas. Después de un día de hostilidad, un poco de hospitalidad siempre viene bien.

Nos miro y no puedo creer todo lo que pasamos hoy: el Universo nos dio una linda sacudida fuera de nuestra zona de confort, más bien es como si nos hubiera catapultado lejos, bien lejos. Y sin embargo acá estamos, las tres enteras y aliviadas por haber encontrado nuestro Hilton, un poco recordando y riéndonos de lo que pasamos, es que realmente parece mentira! La verdad, me alegro de estar con la gente que estoy en viaje y admiro la fortaleza de la que hicimos despliegue hoy. Mañana será otro día y ya veremos cómo arreglamos la moto, hoy por lo pronto nos vamos a comer y a dormir. Cansadas sí, pero vencidas jamás!

El día en moto en el que todo salió mal (parte I)

Los personajes y hechos relatados en esta historia son reales. Cualquier parecido con la ficción, es pura coincidencia.

Salimos desde Sa Pa, un pueblo de montaña en el norte de Vietnam con destino a Hanoi. Como siempre nos levantamos temprano y, como siempre, salimos tarde. Otra vez. Siempre, invariablemente y no importa cuanto lo intentemos, subir a la moto y salir nos lleva tres horas; el por qué no lo sé y tampoco es momento de dilucidarlo ni buscar causas, no nos desconcentremos por favor. Recapitulando, son las 10.30 a.m, el sol brilla en Sa Pa y finalmente nos pusimos en camino. Aunque ninguna lo dice todas pensamos que si hacemos paradas cortas y ponemos un poquito de esfuerzo, quizás hagamos la ruta a Hanoi en un día, después de todo son menos de 300 km. Vieron que dicen “uno propone y el Universo dispone”? Y bueno, más o menos así fue la cosa. Pero dejen que les siga contando.

El camino de montaña que desciende hacia Lao Cai y desemboca en la ruta que nos lleva a destino es sinuoso, con mil curvas y contra curvas y hoy está particularmente transitado. Hacemos el descenso sin mayores problemas; salvo por una Fortuner desesperada por pasar que constantemente nos cerraba el camino, no hubo nada que nos complicara la ruta. A eso de las 12.00 ya habíamos terminado la bajada y nos encaminábamos a Lao Cai, un poco cubiertas de tierra pero contentas porque luego de la bajada todo el camino es plano, recto, sencillo y predecible. Las expectativas de llegar a Hanoi aumentan, aunque nadie las comenta “para no quemarlas”.

En la ruta, una moto es la que guía con el GPS y la otra sigue, siempre atrás. Cada vez que la moto de atrás desaparece de la vista, frenamos y la esperamos, y si no aparece volvemos hacia atrás a buscarla. Ese es nuestro sistema para no perdernos ni desviarnos y hasta ahora nos funciona bien, tampoco es mucha ciencia verdad? De modo que así veníamos, bajo el sol abrasador del mediodía vietnamita, con la temperatura por encima de los 35 grados, sin exagerar. Lo bueno de la moto es que el vientito te da en la cara y entonces el calor no se siente tanto, asi que no nos quejamos y seguimos avanzando. Todo marcha bien Millhouse!

De pronto, y luego de una curva, vemos hacia atrás y la moto negra no viene. Bajamos la velocidad para que nos alcance, seguro ya llega… O quizás no. Frenamos a cero y damos la vuelta para volver a buscarla. Ninguna lo dice pero las dos pensamos que algo pasó con esa moto, no es la primera vez que nos deja a pata, y estamos preocupadas. A menos de un kilómetro, la vemos. Paradas en la banquina, moto y conductora esperan bajo el calcinante sol, sin poder seguir. El problema? Correa cortada, la moto no acelera, no puede avanzar.

El calor aprieta tanto que exprime cada gota de transpiración que nos puede sacar, no hay una sola nube que cubra el sol, ni un árbol al costado de la ruta donde refugiarse. En pocas palabras, estamos jodidas, y la expectativa de llegar a Hanoi es un gran globo a punto de estallar. El que busca encuentra, vemos una sombra mínima pero suficiente para resguardar a una de nosotras y ahí vamos, empujando la moto cargada con casi 20 kg de equipaje, transpirando y pensando “que mierda hacemos ahora?”. Conductora y moto se quedan en la ruta, a la espera del auxilio que podamos conseguir en el próximo pueblo, que está a 15 km. Así que ahí vamos Coni y yo, traductor en mano y a toda velocidad (60 km/h, más que eso la moto no da) a buscar ayuda.

Llegamos a la entrada de Pho Lu, y rápidamente ubicamos un taller. En Vietnam hay tantas motos que los talleres mecánicos están cada 300 metros, eso es algo bueno. Ya son las 14.30, el calor nunca afloja y no podemos dejar de pensar en que Ana está en la ruta, sola y con una moto que no anda. En el taller naturalmente no hablan inglés,  e intentamos hacernos entender mediante el traductor, que más que ayudarnos complica las cosas, traduciendo lo que se le antoja y nunca formando una frase coherente. Finalmente nos entienden que hay una moto en la ruta y que necesitamos ayuda; el mecánico no tiene mucha pinta de querer esforzarse en ayudarnos y nos dice que tenemos que traer la moto rota al pueblo para que él la pueda ver. -Si la moto anduviera no estaríamos acá en primer lugar- es lo que pensamos, pero logramos hacerle entender que necesitamos un pick up, algo que nos traiga la moto. -ok ok- nos dice el mecánico, se sienta, nos sirve una taza de té, agarra el teléfono y empieza a hablar. Coni fue a ponerle combustible a la moto que si funciona y yo espero, ansiosa, los resultados que el mecánico pueda darnos, pero su charla telefónica parece interminable. Finalmente corta; le pregunto si consiguió un pick up, a lo que contesta que no mientras, muy tranquilo, se pone a fumar y a escribir frases intraducibles en el traductor obsoleto. La situación es bastante desesperante y cuando Coni vuelve, nada ha cambiado: el mecánico no ayuda, pick up no hay y lo único que avanza es el reloj. Sin ninguna respuesta, nos vamos a buscar ayuda en la estación de servicio.

La chica que atiende en la estación parece mucho más dispuesta a ayudarnos, o al menos a intentar entendernos. Nuevamente, el traductor incomunica pero entre señas, gestos, y palabras sueltas, entienden nuestro problema. “Ahora sí” pensamos, pero una vez más nos vamos con las manos vacías, y ya pensamos que conseguir ayuda en el pueblo va a ser difícil. Esta gente nunca se queda en la ruta?! Ya pasó casi una hora y Ana sigue sola, tenemos que volver. De golpe se nos prende la lamparita: El peaje!! En el peaje tienen que ayudarnos, somos unas boludas por no pensarlo antes, que tontas!

Llegamos al peaje con una estrategia, decirles que hay una urgencia en la ruta, que necesitamos ayuda. Ya aprendimos que intentar explicarles todo solamente complica las cosas, hay que simplificar. Salen a nuestro encuentro tres o cuatro empleados porque por esta ruta no pueden circular motos, asi que frenamos, y empezamos a explicarles cómo podemos. “Emergencia!!” Escribimos en el traductor, seguido de “yamaha nuovo en la ruta”. Pensamos que eso es suficiente para que al menos se pongan en alerta pero en lugar de eso se miran entre ellos y se ríen. Sí, se ríen y no se mueven del lugar, no entiendo el sentido del humor de esta gente y a esta altura lo encuentro bastante irritante. Su única propuesta es dejarnos pasar y volver a la ruta, flaco favor nos hacen… No tienen ningún teléfono de contacto de un servicio de emergencias, no parecen estar dispuestos a hacer algo por nosotras y nuestras opciones se agotaron.

Solamente nos queda volver a la ruta, encontrarnos con Ana y hacer dedo, a ver si alguien frena a ayudarnos. Resueltas, emprendemos la vuelta, esperando encontrar todo tal y como lo dejamos antes de irnos hace poco más de una hora. Cómo vamos a salir de esta, todavía no lo sabemos. Tenemos 15 km de viaje de vuelta para dilucidarlo.

Buda, antisemita?

Fuimos a Kanchanaburi para conocer el Parque Nacional Erawan (el de las cascadas soñadas), y para ver el famoso puente sobre el río Kwae, que fuera construido durante la Segunda Guerra Mundial por soldados prisioneros comandados por sus captores japoneses. Salimos un día por la mañana a caminar por el puente metálico y vimos que en la otra orilla, no muy lejos, había un templo chino.

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El puente sobre el río Kwae
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El templo que se ve prometedor!

En este viaje los templos chinos se volvieron mi fascinación y este se veía particularmente hermoso, así que ahí fuimos. Recorrimos el parque, sacamos las pertinentes fotos y subimos al templo a refugiarnos del sol del mediodía que se hacía más que presente. En la entrada había un Buda muy gordo y risueño, y adentro, tres Budas más, y algo de ellos nos llamó poderosamente la atención.

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Cuando decimos Buda, qué pensamos? Iluminación, paz interior, un gordito con cara de bueno, meditación, y claro, nazismo. Para, que?! Buda Nazi? No puede ser! Y sin embargo ahí estaban, no uno sino tres Budas con esvásticas Rojas en el pecho,su expresión serena parecía indicar que estaban muy a gusto con esta situación. Si bien las cruces no estaban rotadas como el emblema de Hitler, no dejaban de ser esvásticas después de todo.

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Anonadadas, no podíamos dejar de mirarlos y pensar y repensar alguna explicación coherente, pero todo era más dudas que respuestas; qué hacía Hitler en Tailandia? Los japoneses habrán hecho construir el templo durante la Guerra? Que tienen que ver los japoneses con Hitler? Verdaderamente no entendíamos nada y la imagen era como poco, perturbadora. Dejamos el templo y sus Budas sospechosos para recorrer el resto del pueblo, ya buscaríamos alguna respuesta cuando tuviéramos internet.

De vuelta en el hostel nos propusimos develar el misterio de los Budas nazis; dicen que “Ignorance is bliss” pero esta vez la ignorancia nos jugó una mala pasada: buscando acerca de la esvástica, descubrimos que este símbolo es muchísimo más antiguo que el nazismo, y las primeras evidencias de su uso se remontan a los troyanos; el símbolo es ampliamente utilizado por budistas e hinduistas entre otros, y su significado es asociado a la buena fortuna y el bienestar. Durante el siglo XIX, la esvástica fue adoptada por algunos grupos nacionalistas alemanes como un símbolo de identidad y orgullo ario, y todos sabemos más o menos cómo sigue historia.

Creo que una de las mejores cosas de viajar es justamente esto, encontrarnos con situaciones fuera de lo conocido que despiertan nuestra curiosidad y que nos hacen aprender cosas que quizás desde casa no hubiéramos aprendido nunca. Las esvásticas me siguen pareciendo perturbadoras, pero al menos ahora sé que también tienen otro significado más benévolo aparte del que le dio Hitler. Buda, te juzgamos mal, y todo por no saber! Espero nos puedas perdonar, y que sigamos siendo amigos.

Ayutthaya o Sukhothai?

Muchas veces mis fans y seguidores me preguntan: “Vos que sos tan sabia, qué me recomendas? Ayutthaya o Sukhothai?” Bueno, la verdad es que nadie me pregunta nada pero no importa, yo igual voy a responder la pregunta porque soy así de sabia y sobre todo muy modesta.

Pero primero lo primero, que son Ayutthaya y Sukhothai? Bien, ahi vamos. Lo que hoy es Tailandia estaba formado por tres reinos: Lanna al norte, Sukhothai en el centro, y Ayutthaya en el sur, siendo las capitales de los dos últimos las ciudades homónimas que aún hoy existen. En resumidas cuentas, y porque no soy historiadora y no quiero mentirles, Sukhothai fue absorbido por Ayutthaya, el que a su vez fue luego atacado y destruido por los poderosos birmanos. El General Chakri logró vencer a los invasores, y luego de ser nombrado Rey trasladó la capital  del reino a lo que hoy es Bangkok. De las antiguas ciudades de Ayutthaya y Sukhothai hoy sólo quedan los restos en ruinas conviviendo con la parte nueva de la ciudad; ambas ciudades fueron declaradas patrimonio histórico de la humanidad por Unesco, así que se podrán imaginar que son importantes y dignas de ser visitadas. Pero a cuál de las dos ir? He ahí el dilema… Voy a intentar dar un pantallazo al respecto, a ver si se aclara un poco el panorama.

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Un Buda decapitado en Wat Mahathat, una de las ruinas más importantes de Ayutthaya
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Las hermosisimas ruinas de Sukhothai

 Ubicación geográfica: Mientras que Sukhothai se encuentra a 460 km desde Bangkok yendo hacia el norte,  Ayutthaya está a sólo 80 km de la capital  tailandesa, lo que hace que muchos viajeros que no disponen de mucho tiempo elijan hacer la visita en una excursión  de un día. Ambas ciudades son turísticas, ambas tienen alojamiento barato (o caro, como prefieras) y son accesibles en micro, sólo que si planeas visitar Sukhothai posiblemente debas al menos pasar una noche allí y la ciudad nueva no tiene mucho para ofrecer. Desde ese punto de vista, quizás Ayutthaya sea una mejor alternativa si viajas con poco tiempo y querés conocer algo de la historia de Tailandia.

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Ayutthaya
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Te animas a jugar a Indiana Jones en Sukhothai?

– Estilo de los parques: En Ayutthaya la ciudad nueva coexiste y convive con la vieja, y eso para mí fue una de las cosas más atractivas de esta recorrida. La forma ideal de visitar este lugar es alquilar una bicicleta y salir a descubrir las ruinas, que van apareciendo a un lado o a otro a medida que paseamos; hay algunas más grandes, otras más pequeñas, y todas se encuentran distribuidas por la ciudad, de manera que uno se siente un poco explorador mientras recorre. Cada una de ellas se encuentra dentro de un predio donde pagamos entrada para acceder, y tienen carteles explicativos en inglés; además siempre hay visitas guiadas por lo que podemos parar la oreja y escuchar a los guías para tener un poco más de información.

El parque histórico de Sukhothai por su parte, se encuentra concentrado en una zona específica de la ciudad vieja, si bien hay algunas construcciones satélites por fuera del parque que merecen ser visitadas. En el mismo parque alquilan bicicletas para recorrerlo y la verdad es un paseo muy lindo; el parque está muy bien cuidado y limpio, hay muchos lagos con flores de loto que son bellísimos, y hasta un museo histórico con piezas de bronce del siglo XIII o XIV que son espectaculares (entre otras cosas, claro). Además, el parque cuenta con carteles en inglés que explican los lugares pero además tiene códigos QR que pueden escanearse con el teléfono y a través de un audio en youtube, amplia la explicación. Si es buena o mala no se los podría decir porque en Tailandia no tengo paquete de datos, por lo que no puedo usar internet sin wifi.

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La mejor manera de recorrer Sukhothai!

– Estado de conservación: Aunque Sukhothai es una ciudad más antigua que Ayutthaya (unos 200 años de diferencia aproximadamente), la más vieja se encuentra en mejor estado de conservación. Creo que esto se debe a que Ayutthaya fue arrasada por los birmanos, por lo cual se encuentra mucho más deteriorada. La prueba más contundente y atractiva de esta invasión es sin dudas la cantidad de Budas descabezados que hay en Ayutthaya, producto de la violencia con la que la invasión se produjo. Algunos de ellos recuperaron sus cabezas mucho tiempo después durante las restauraciones posteriores, y otros solo lucen trozos de piedra por encima de los hombros.

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Buda restaurado, en Ayutthaya

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– Costos: La parte que menos nos gusta a todos, pero una de las más importantes si viajamos con presupuesto ajustado: Cuánto me va a salir? Bien, vamos por Parque, y por parte.

Visita a Ayutthaya: para entrar a cada ruina los extranjeros debemos pagar una entrada de 50 baht, y hay muchas para visitar. Nosotras fuimos a tres o cuatro y creo que es suficiente, muchas de las que cobran entradas están tan deterioradas que vale más ahorrarse el dinero para visitar otra diferente, pero hacete a la idea de que mínimo vas a gastar 150 baht. El alquiler de bicicletas por 24 hs nos salió 50 baht más, y creo que había motos para alquilar por 150.

Visita a Sukhothai: El día que nosotras fuimos era un día festivo budista y las entradas eran gratuitas (la suerte del principiante?); sin embargo la entrada al parque sale 110 baht, alquilar una bici en el parque sale 30 baht y el micro que te lleva hasta la puerta sale si mal no recuerdo, 30 baht. La entrada al museo estaba 250 baht y no hubiéramos entrado si no hubiera sido gratuito; para mi gusto, la entrada era cara para lo que el Museo ofrecía pero la verdad es que de todos modos es muy interesante, sobre todo si querés aprender un poco más acerca de la historia del lugar.

Entonces, después de todo esto, Ayutthaya o Sukhothai? Queridos amigos, como todo en esta vida, esto también es relativo; depende de nuestro presupuesto, del tiempo del que disponemos, del recorrido que hacemos y sobre todo, del interés que tengamos en conocer la parte histórica de este país, que creanme es mucho más que playas. Mi conclusión es que si no te enloquece ver ruinas, con visitar uno u otro ya está bien, y quizás Ayutthaya desde Bangkok sea una buena opción. Si tenés tiempo y ganas, yo creo que vale la pena conocer los dos, para mi ambos son hermosos y jugar a ser Indiana Jones es re divertido!

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Bello Buda en Sukhothai

Lo importante es que Ayutthaya y Sukhothai no son lo mismo, para mí los parques son muy diferentes, la recorrida es diferente y lo que podemos ver es diferente en uno y otro lugar; no importa cuántas veces las agencias de turismo en Bangkok te digan “anda a Ayutthaya nomas que con eso alcanza, Sukhothai es igualita”, para mí eso no es así y viniendo de un tailandés, es hasta una falta de respeto a su historia; es como si nosotros los argentinos dijéramos que la Casita de Tucuman y el Cabildo son todo lo mismo… Ojo, no digo que este mal elegir uno por sobre otro, cuando planificamos un viaje a veces el tiempo nos juega en contra y tenemos que elegir entre ir a uno u otro lugar, pero por favor, no vayas por ahí repitiendo que son todo lo mismo, que son bien diferentes y merecen su propio protagonismo. En cualquier caso, espero que si viajas por Tailandia incluyas al menos uno de ellos en tu recorrida porque realmente vale la pena conocerlos!