Lugares visitados en Bangkok (segunda parte)

Como ya les decía, nuestra estadía en Bangkok se prolongó más de lo planificado. El calor y los horarios de las atracciones hacían que nuestro recorrido fuera más lento, además de que realmente, no tenemos ningún apuro. Bangkok es mucho más que templos y Budas, asi que cuando vengas y te canses de ver tanto dorado, estas son algunas de las cosas que podés hacer.

Parque Lumpini

Lo amo; así, lisa y llanamente, es que el Parque Lumpini es tan hermoso! Esta ubicado en pleno centro de Bangkok, y parece tan diferente a todo, que cuesta creer que en una ciudad tan edificada, ruidosa y superpoblada, podamos encontrar semejante oasis de verde y tranquilidad. No se si será porque el día que lo visité tenía la presión por el piso y caminar suponía un esfuerzo importante, pero disfrute muchísimo este parque y me quedé enamorada de él.

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Uno de los lagos en Lumpini
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Los botes-cisnes y una espectacular vista de Bangkok

En el Lumpini hay varios lagos artificiales con una fauna de lo más variada. Hay tortugas de agua, muchas aves y hasta lagartos gigantes! Todos los animales están tan habituados a que la gente les de comida que cuando te ven se acercan; las palomas no tienen ningún tipo de pudor y son más atrevidas que las de Plaza Miserere, y los lagartos gigantes salen del agua a tomar sol o a posar para la foto, no sabría  bien cuál de las dos es la correcta. Además en los lagos hay botes-cisnes para pasear, o sino simplemente te podés sentar en la orilla y dejar el tiempo pasar, que es básicamente lo que hicimos. Tanto verde, los árboles y el pasto perfectamente cuidado, son cosas que no se ven en el centro de la ciudad y que realmente se agradecen después de cuatro días moviéndose en la jungla de asfalto y hormigón que es Bangkok.

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Monumento a los jóvenes, Parque Lumpini

Chinatown

La comunidad China originalmente se encontraba a orillas del río Chao Phraya, hasta que el Rey Rama I decidió construir allí el Grand Palace y los reubicó en la zona donde hasta ahora se encuentran, algunos kilómetros río abajo. Chinatown es una cosa durante el día, y otra cosa durante la noche, al igual que muchas áreas de Bangkok.

La primera vez que fuimos, lo hicimos después del infructuoso Tuk Tuk paseandero y el no-monje del Gran Palacio. Lloviznaba un poco y todavía no había oscurecido, y Chinatown se veía bastante abandonado y descuidado. Los carteles de los negocios deslucidos o desteñidos, las angostas veredas ocupadas por los carritos de comida que empezaban a montar su negocio para la noche, y el tránsito incesante de siempre. Sin embargo, tenía su encanto; era como entrar a otra ciudad dentro de la ciudad, una ciudad que vive en otro idioma, que come otras cosas, que vive de otra manera. Paseamos un rato, compramos una especie de budín riquisimo en una panadería hermosa, y cuando empezaba a oscurecer fuimos hacia la parada de nuestro micro para volver a casa. Habíamos estado todo el día afuera y estábamos un poco mojadas por la lluvia, ya queríamos descansar… Pero sabíamos que Chinatown se recorría de noche y prometimos volver algun otro día.

La segunda vez que fuimos a Chinatown, era de noche. Fue como entrar a otra ciudad en otra ciudad, de nuevo! Era un lugar completamente diferente del que habíamos visto por la tarde unos días atrás, y voy a hacer el intento de describirlo, según como lo recuerdo, lo más preciso posible.

Imagínate una calle ancha, de dos o tres carriles por mano, y ponele muchos muchos muchos autos y tuk tuks locos. La vereda, angosta, se angosta aún mas por todos los puestos de comida que se instalan sin pudor ni demasiado cuidado en dejar paso a los peatones; así que cuando caminas esquivas puestos, personas pidiendo su cena y las mesas y sillas de los restaurantes improvisados. A veces la vereda está completamente obstruida y tenés que bajar a la calle para poder pasar, y ahí hay que tener cuidado! El primer carril tambien está parcialmente ocupado por los puesteros y todo es un caos vibrante y hermoso; y vas esquivando ahora no sólo carros de comida y sillas y mesas, sino que también las motos que nos pasan bien pegadito, otros turistas, puesteros que tiran de su carro para llevarlo a otro lado y te obligan a o bien a hacerte finita como un papel, o bien moverte al segundo carril, más dentro de la calle, una locura! Y te acordas de los carteles deslucidos? ahora es de noche y los prendieron, así que cuando ves hacia adelante está lleno de carteles luminosos rojos, amarillos, verdes; con dibujos, con letras chinas; estáticos, cambiantes… Miras para arriba y todo es color y brillo! Y el calor, por Dios! No podes parar de transpirar, las gotas te caen por el costado de la cara, y sentís el calor de los puestos de comida en la piel; el vapor de las ollas, el aroma de lo que vaya uno a saber qué están cocinando, el ruido de las sartenes y las cucharas y los platos y la gente que no deja de pasar para un lado y para el otro; gente sentada comiendo, gente conduciendo, gente gritando acerca de lo que vende y en medio de todo eso estás vos. Obnubilada, maravillada, los ojos bien abiertos y aunque estás cansada y transpirada, no querés que nada de eso pare, Chinatown de noche es una locura hermosa! Una sola foto tengo de todo esto y no le hace justicia, pero es que para vivenciarlo tenés que estar ahí, las palabras se me quedan cortas. Si pasás por Bangkok, reservate una tarde-noche para visitar este lugar, y después me contas que tal te fue.

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Chinatown en plena actividad
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