Entrando en un cuento de hadas: el Parque Nacional Erawan

Había una vez, en el antiguo y lejano Reino de Siam, un bosque con árboles más viejos que el tiempo y cascadas que fluían sin detenerse jamás; su agua celeste-verde habitada por peces de hermosos colores era fresca y vitalizante, y se dice tenía el poder de dar felicidad a quien se bañara en ellas…

Cuando supimos de Erawan no lo dudamos, había que ir! Porque si, este lugar que hasta nombre de cuento de hadas tiene de verdad existe. A pocos kilómetros de Bangkok, en la provincia de Kanchanaburi, el Parque Nacional Erawan abre sus puertas todos los dias de 08.00 a 16.30 y nos permite entrar a su mundo sacado de los más fantásticos relatos.

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Las cascadas de Erawan se encuentran escalonadas en siete niveles que son accesibles a través de los senderos que ascienden por el  bosque. En cada nivel es posible bañarse en las piletas formadas naturalmente tras muchos muchísimos años, donde el agua es bien fresca y habitan peces de tonos grises y azules tornasolados que se divierten picoteandote los pies. Es una sensación un tanto rara y no del todo agradable, pero los peces chupa pies sólo andan en las orillas así que no es tan terrible. Si no te gusta nadar o los peces no te agradan, siempre vas a poder descansar en una roca y disfrutar de la vista de ensueño, y hasta sentarte las cascadas a recibir un hidromasaje, es un lugar mágico!

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Nivel 2 de las cascadas de Erawan
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Esto de verdad existe!

El ascenso al último nivel se hace en aproximadamente dos horas de subidas y bajadas por los senderos, y la recompensa es espectacular; al llegar al último nivel la caída de agua es bien alta y realmente hermosa, es como si el encanto del bosque te dijera “sé que la subida costó y tenés calor” y te regala un lugar que nunca más vas a olvidar, el nivel 7 de las cascadas de Erawan.

Algo que nos llamó mucho la atención fueron los lugares donde había, en el medio del bosque, muchos vestidos tradicionales tailandeses colgados. “Una tradición budista” nos dijeron en el Parque; para mi, las hadas usan el bosque como guardarropas, es muy extraño!

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Vestuario de las hadas? En el medio del bosque da un poco de miedo!

El Parque es tan completo que hasta permite alquilar carpas o Bungalows y pasar la noche, que fue lo que hicimos. El guarda parques estaba muy entusiasmado con el hecho de que éramos argentinas como Messi (o “Super Messi” como el lo llamaba) y creo que nos premió con la carpa con la mejor vista de todo el predio, así que gracias Messi!

Después de un día y medio en las cascadas, nuestro hechizo terminó y partimos del encantado Erawan a seguir descubriendo el antiguo Reino de Siam. Erawan hasta ahora es el lugar natural más hermoso que vi en este viaje, creo que es un destino casi obligado si venís a Tailandia. Y si no venis, que sean las fotos las que te transporten al cuento-realidad que es este hermoso Parque.

Info útil 

– Costo de la entrada al parque: 300 Baht para extranjeros.

– Alquiler de carpa: 225 Baht una carpa para tres, y 50 Baht por una bolsa de dormir y una colchoneta.

– Cómo llegar: desde Bangkok, tomar una minivan en el Victory Monument hasta Kanchanaburi sale algo de 120 Baht y  tarda 2 horas y media. Desde ahí, el Songtaew al parque cuesta 50 baht, sale cada una hora aproximadamente y tarda 1 hora y media en llegar al parque. El último  Micro desde el Parque a Kanchanaburi sale a las 16.30, en el mismo momento que el parque cierra.

– Qué llevar: malla, ropa cómoda que no te importe ensuciar y calzado fácil de sacar, nosotras el ascenso lo hicimos en ojotas sin problemas, no es necesario tener zapatillas. Si te vas a quedar a dormir, un pantalón largo para la noche es útil  contra los mosquitos, y linterna! Te piden pasaporte si pasás la noche, así que no lo olvides si pensas dormir ahí.

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Lugares visitados en Bangkok (segunda parte)

Como ya les decía, nuestra estadía en Bangkok se prolongó más de lo planificado. El calor y los horarios de las atracciones hacían que nuestro recorrido fuera más lento, además de que realmente, no tenemos ningún apuro. Bangkok es mucho más que templos y Budas, asi que cuando vengas y te canses de ver tanto dorado, estas son algunas de las cosas que podés hacer.

Parque Lumpini

Lo amo; así, lisa y llanamente, es que el Parque Lumpini es tan hermoso! Esta ubicado en pleno centro de Bangkok, y parece tan diferente a todo, que cuesta creer que en una ciudad tan edificada, ruidosa y superpoblada, podamos encontrar semejante oasis de verde y tranquilidad. No se si será porque el día que lo visité tenía la presión por el piso y caminar suponía un esfuerzo importante, pero disfrute muchísimo este parque y me quedé enamorada de él.

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Uno de los lagos en Lumpini
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Los botes-cisnes y una espectacular vista de Bangkok

En el Lumpini hay varios lagos artificiales con una fauna de lo más variada. Hay tortugas de agua, muchas aves y hasta lagartos gigantes! Todos los animales están tan habituados a que la gente les de comida que cuando te ven se acercan; las palomas no tienen ningún tipo de pudor y son más atrevidas que las de Plaza Miserere, y los lagartos gigantes salen del agua a tomar sol o a posar para la foto, no sabría  bien cuál de las dos es la correcta. Además en los lagos hay botes-cisnes para pasear, o sino simplemente te podés sentar en la orilla y dejar el tiempo pasar, que es básicamente lo que hicimos. Tanto verde, los árboles y el pasto perfectamente cuidado, son cosas que no se ven en el centro de la ciudad y que realmente se agradecen después de cuatro días moviéndose en la jungla de asfalto y hormigón que es Bangkok.

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Monumento a los jóvenes, Parque Lumpini

Chinatown

La comunidad China originalmente se encontraba a orillas del río Chao Phraya, hasta que el Rey Rama I decidió construir allí el Grand Palace y los reubicó en la zona donde hasta ahora se encuentran, algunos kilómetros río abajo. Chinatown es una cosa durante el día, y otra cosa durante la noche, al igual que muchas áreas de Bangkok.

La primera vez que fuimos, lo hicimos después del infructuoso Tuk Tuk paseandero y el no-monje del Gran Palacio. Lloviznaba un poco y todavía no había oscurecido, y Chinatown se veía bastante abandonado y descuidado. Los carteles de los negocios deslucidos o desteñidos, las angostas veredas ocupadas por los carritos de comida que empezaban a montar su negocio para la noche, y el tránsito incesante de siempre. Sin embargo, tenía su encanto; era como entrar a otra ciudad dentro de la ciudad, una ciudad que vive en otro idioma, que come otras cosas, que vive de otra manera. Paseamos un rato, compramos una especie de budín riquisimo en una panadería hermosa, y cuando empezaba a oscurecer fuimos hacia la parada de nuestro micro para volver a casa. Habíamos estado todo el día afuera y estábamos un poco mojadas por la lluvia, ya queríamos descansar… Pero sabíamos que Chinatown se recorría de noche y prometimos volver algun otro día.

La segunda vez que fuimos a Chinatown, era de noche. Fue como entrar a otra ciudad en otra ciudad, de nuevo! Era un lugar completamente diferente del que habíamos visto por la tarde unos días atrás, y voy a hacer el intento de describirlo, según como lo recuerdo, lo más preciso posible.

Imagínate una calle ancha, de dos o tres carriles por mano, y ponele muchos muchos muchos autos y tuk tuks locos. La vereda, angosta, se angosta aún mas por todos los puestos de comida que se instalan sin pudor ni demasiado cuidado en dejar paso a los peatones; así que cuando caminas esquivas puestos, personas pidiendo su cena y las mesas y sillas de los restaurantes improvisados. A veces la vereda está completamente obstruida y tenés que bajar a la calle para poder pasar, y ahí hay que tener cuidado! El primer carril tambien está parcialmente ocupado por los puesteros y todo es un caos vibrante y hermoso; y vas esquivando ahora no sólo carros de comida y sillas y mesas, sino que también las motos que nos pasan bien pegadito, otros turistas, puesteros que tiran de su carro para llevarlo a otro lado y te obligan a o bien a hacerte finita como un papel, o bien moverte al segundo carril, más dentro de la calle, una locura! Y te acordas de los carteles deslucidos? ahora es de noche y los prendieron, así que cuando ves hacia adelante está lleno de carteles luminosos rojos, amarillos, verdes; con dibujos, con letras chinas; estáticos, cambiantes… Miras para arriba y todo es color y brillo! Y el calor, por Dios! No podes parar de transpirar, las gotas te caen por el costado de la cara, y sentís el calor de los puestos de comida en la piel; el vapor de las ollas, el aroma de lo que vaya uno a saber qué están cocinando, el ruido de las sartenes y las cucharas y los platos y la gente que no deja de pasar para un lado y para el otro; gente sentada comiendo, gente conduciendo, gente gritando acerca de lo que vende y en medio de todo eso estás vos. Obnubilada, maravillada, los ojos bien abiertos y aunque estás cansada y transpirada, no querés que nada de eso pare, Chinatown de noche es una locura hermosa! Una sola foto tengo de todo esto y no le hace justicia, pero es que para vivenciarlo tenés que estar ahí, las palabras se me quedan cortas. Si pasás por Bangkok, reservate una tarde-noche para visitar este lugar, y después me contas que tal te fue.

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Chinatown en plena actividad

Lugares visitados en Bangkok (primera parte)

Habíamos planeado estar en Bangkok dos o tres días y nos terminamos quedando cinco. Sumado a la mañana de contratiempos con el Tuk Tuk paseandero, el hecho de que todos los lugares que queríamos visitar cerraban temprano hizo que retrasasemos nuestra partida de la capital tailandesa. Inmersas en el calor, el tumulto de gente y los aromas y olores de la ciudad, estos fueron los lugares que visitamos.

Golden Palace y Templo de Buda Esmeralda (Wat Phra Kaew)

Cuando el General Chakri toma el poder y es designado Rey de Siam, decide trasladar la capital desde la devastada Ayutthaya a la actual Bangkok. En ese momento, mando a construir el Gran Palacio Real junto con un templo (el Wat Phra Kaew) para venerar al legendario Buda Esmeralda, una emblemática estatuilla de Buda que aún hoy es adorada por los locales. El recorrido por este lugar puede dividirse en dos partes; la parte religiosa del paseo, donde se encuentra el Templo, y el Gran Palacio propiamente dicho, así que vamos a ir por partes.

El Templo del Buda Esmeralda y los demás edificios que lo rodean brillan. Todo, absolutamente todo esta decorado con molduras de madera pintadas color dorado, con incrustaciones de espejos y vidrios de colores. A esto se suman varias estupas también  doradas y muchas muchísimas estatuas de Buda presentadas en galerías, adivinen de que color? Si, dorado! Todo resplandece y refleja la luz del sol, y todo es simplemente bellísimo.

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Wat Phra Kaew, el templo de Buda Esmeralda

 

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Demonios guerreros que guardan las puertas de Wat Phra Kaew

El famoso Buda Esmeralda, que yo imaginaba imponente, es bien pequeño, mide 46 cm de altura; está ubicado en un pedestal altísimo y no se ve muy bien entre las cabezas de todos los turistas queriendo verlo, pero les juro que está ahí. Por que es tan importante este Buda? Esta representación de Buda fue encontrada en el año 1434 en la ciudad de Chiang Rai por un monje; estaba recubierta en yeso pero su descubridor noto que su nariz estaba resquebrajada y que debajo, se veía algo de color verde. Al quitar el yeso, descubre este precioso Buda que supuso estaba tallado en Esmeralda, aunque en verdad este tallado en Jade. En resumidas cuentas, y para no aburrirlos, la estatua fue robada por un príncipe laosiano que se la llevó a su país con la promesa de devolverla, cosa que naturalmente jamás hizo, y fue recuperada por el mismísimo General Chakri (posteriormente Rey Rama I, el primero de su nombre) tras 200 años de permanecer fuera de su hogar. Así que ahora entienden por que la importancia de un Buda tan chiquito! De hecho es tan importante, que tiene tres atuendos según cada estación del año; un atuendo para la temporada de lluvias, un atuendo para el verano y otro para el invierno. El cambio de ropa solo puede ser hecho por el Rey en persona, en una ceremonia con toda la pompa!

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Estatuillas sosteniendo un chedi en el Wat Phra Kaew

El Gran Palacio Real fue construido durante el reinado de Rama I y fue el hogar de varias generaciones de la dinastía Chakri, aunque actualmente sea sólo utilizado para ceremonias y eventos Reales. La construcción es bien rara, dado que tiene un estilo más bien europeo, pero con el techo en un estilo marcadamente tailandés, lo cual lo hace muy interesante y bonito. Como no podemos ingresar a recorrerlo, debemos conformarnos con verlo de afuera, pero es bellísimo y vale la pena ir a visitarlo.

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Gran Palacio Real

Wat Pho, el templo de Buda Reclinado

El templo Wat Pho es el hogar del famoso Buda Reclinado, otro muy venerado por tailandeses y muy fotografiado por extranjeros. La imagen es realmente imponente; este Buda mide 46 metros de largo por 15 metros de altura, y debido a su tamaño la estructura que lo alberga fue construida luego de finalizada la construcción del propio Buda. Pero aunque este gigante dorado se lleva toda la atención y los flashes, en el templo hay un total de nada más y nada menos que 872 Budas! Algunos fueron tallados en el propio Wat Pho y otros provienen de diferentes períodos históricos de Siam y los reinos aledaños que luego formaron parte de Tailandia.

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Buda Reclinado en Wat Pho

Pero la belleza de Wat Pho no se detiene ahí; el lugar está conformado por el templo central donde se encuentra Buda Reclinado, y este templo a su vez se encuentra amurallado y en cada cara de la muralla cuadrada, un pequeño templo con más imágenes de Buda para ser veneradas. A su vez, por fuera del paredón hay pagodas ubicadas a intervalos regulares, intercaladas con otras más grandes de tres picos en las esquinas. Las pagodas son hermosisimas, todas decoradas con incrustaciones de cerámica de diferentes colores, con un grado de detalle que asombra y hace que uno no las pueda dejar de mirar. Para mi, las pagodas fueron lo más lindo que vi en Wat Pho, podría dedicar horas enteras a mirarlas y mirarlas y seguir descubriéndole detalles, colores, texturas… Caminar por Wat Pho viendo todas estas puntas decoradas asomando es tan lindo! Sin dudas lo más lindo de recorrer este lugar. La Pagoda que se lleva todos los laureles es la que fue construida en honor a Rama I; está es bien grande y de color verde y azul, decorada con flores de cerámica y mil cosas más. Yo me quedé enamorada de esta Pagoda, es sin dudas digna de un Rey!

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Pagoda de tres puntas, muy hermosa, en Wat Pho
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La hermosisima Pagoda construida en honor a Rama I

Además de todas las pagodas y Budas reclinados y sentados y parados, Wat Pho es muy importante en la historia de Tailandia debido a que se lo considera la primera Universidad del país; es que en este lugar era donde se enseñaba medicina tradicional y el arte del masaje tailandés, una ancestral técnica de curación fundamental en la cultura tailandesa. En Wat Pho aún hoy funciona una escuela de masajistas, y por supuesto uno puede ir a disfrutar de un auténtico masaje tailandes por algo de 200 baht.

Wat Arun y Golden Mount

Wat Arun es otro de los templos que se encuentra ubicado a orillas del río Chao Phraya, junto con el Wat Pho y el Wat Phra Kaew, sólo que para llegar al primero debemos cruzar hacia la otra orilla. Este templo según dicen, ofrece hermosisimas vistas de la ciudad de Bangkok, si uno realiza el ascenso por los empinados escalones que llevan a la cima; desgraciadamente cuando lo visitamos el templo se encontraba en restauración y no se podía subir, por lo que sólo nos limitamos a mirarlo desde abajo. Sin embargo, lo que sí pudimos admirar es la belleza de su construcción, que es bien distinta de la de la demás. En lugar de ser todo dorado y brillante, está Pagoda es blanca, y tiene incrustaciones de cerámica que hacen que a la distancia, parezca decorada con decoupage. La combinación la hace ver muy elegante y delicada, y hubiera sido sin dudas maravilloso poder subir hasta arriba, o tomarle una foto sin tanto andamiaje… otra vez será!

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Wat Arun, en plena restauración

El Golden Mount es un lugar de culto al que no se le da quizás demasiada importancia en los recorridos turísticos, pero que está bueno visitar. El día que fuimos yo me sentía particularmente mal, el calor de Bangkok pudo más y mi presión estaba por el suelo, lo que hizo que realmente no lo disfrute tanto sino que más bien tenga el recuerdo de sus interminables escaleras. Es que este lugar tiene un chedi en su cima, desde donde además se ven vistas muy amplias de la ciudad de Bangkok. El problema es llegar hasta ahí, son 344 escalones! De todos modos el recorrido no es tan difícil de hacer porque los escalones son bajitos y se sube rápido; además en las areas de descanso hay gongs gigantes que uno puede hacer sonar y sentirse como todo un oriental.

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Las eternas escaleras que llevan a la cima del Golden Mount

Un día común en Bangkok…

Es un día común en Bangkok, hace calor y está un poco húmedo, pero no parece que la lluvia salvadora vaya a venir a refrescar un poco todo. Yendo al Seven-Eleven en busca de tu desayuno diario, te intercepta la parte del menú matutino Tailandés que no te gusta tanto, el siempre presente tuktukero:

– Hello, Tuk Tuk?. Tu plan para hoy es ir al Gran Palacio, queda cerca y se puede ir caminando, no necesitas que el Tuk Tuk te lleve a ningún lado pero bueno, no responder es de mala educación, de modo que no con la mejor cara, le contestas. El tuktukero ofrece la milagrosa oferta de pasear por la ciudad en un tour de entre una y dos horas por el módico precio de 30 baht. Te suena a estafa porque es muy barato pero ya que estamos, quien sabe, capaz está bueno.

Subís al tuk Tuk y todo va bien hasta que el conductor te dice que necesita llevarte a una agencia de turismo, que a él le dan una comisión por llevar gente. Asi que ahí está el curro, no podía ser tan perfecto. En la agencia de turismo, quien te recibe es muy simpático y tiene como único propósito convencerte de comprar un paquete de viaje que él te arma, aunque le expliques que ya tenés el viaje planeado. Después de 15 minutos de escucharlo le decís que no vas a comprar su viaje y su simpatía se transforma en indiferencia; de pronto olvida como hablar inglés y deja de dirigirte la palabra. “Muy maleducado de su parte”, pensas, mientras volves a tu Tuk Tuk. Sigue el paseo, que finalmente consiste en dar vueltas por la ciudad e ir a los lugares que el conductor quiere porque le dan una comisión. Ya habías leído sobre esto, otros viajeros te habían advertido en foros y páginas pero no, vos igual caíste en la trampa del tuktukero. En fin, cosas que pasan… Después  de una hora y media el paseo termina y vos te querés ir volando al Gran Palacio, ya perdiste la mañana dando vueltas!

Llegando al Grand Palace, mapa en mano, un señor muy simpático te pregunta si necesitas ayuda. El esta cómodamente sentado en el banco de la plaza, con un paraguas de Batman color verde que usa para protegerse del sol. Aceptas su ayuda porque no querés perderte. El señor te pregunta de donde sos, y te empieza a contar de su vida; que fue monje por 15 años pero que ahora ya no lo es, que tiene una familia y es profesor en la Universidad. Muy simpático el señor. Le preguntas si estás en el camino correcto al Grand Palace y te dice que si, pero que ese día el Palacio no está abierto al público porque es un día de oración de los monjes, que mejor aproveches el día y vayas a un mercado flotante que no está lejos, y en seguida llama a un tuktukero amigo que se ofrece a llevarte por 20 baht, un oferton! El cuento empieza a ser conocido, sobre esto también leíste muchas veces: que un lugar está cerrado y que mejor vayas a otro, y el oportuno tuk Tuk siempre dispuesto a lllevarte… Y el señor parecía tan amigable! Le das las gracias y le decís que primero vas a ir al Palacio y si está cerrado volves, el señor y el tuktukero insisten, ninguno de los dos ya suena amigable  y finalmente tu supuesto nuevo amigo te termina diciendo que hagas o que quieras, que los argentinos son todos idiotas. “Muy grosero para ser monje” pensas, y te vas al Palacio que efectivamente está abierto, con hordas de turistas que entran y salen sin parar. Resulta que el Palacio cierra a las 15.30 y entre el tuktukero de la mañana y el monje que no era monje perdiste mucho tiempo y ya son las 13.30. No alcanza el tiempo, mejor cambio de planes: vamos a recorrer Chinatown, a ver si aparece uno de esos templos chinos que tanto te gustan. Estas ofuscada, perdiste la mañana y encima tenés como una hora en micro hasta Chinatown. Y que calor que hace!!

En el micro hay un señor sentado. Medio pelado, tiene un rodete hecho con los pocos pelos que le quedan, se moja las manos en la lluvia a través de la ventanilla abierta (si, empezó a llover con todo) y se pasa el agua por la cara. Muy particular. De pronto pregunta de donde sos, y empezas a charlar. Te cuenta que vivió en la India, que le gustó mucho aunque Nueva Delhi no;que fue profesor en la Universidad pero que ahora ya estaba jubilado y estaba estudiando Sánscrito para mantenerse activo; que tenía 76 años y su mamá de 94 años todavía vivía, que la gente en Tailandia es muy longeva… El señor es muy gracioso y de verdad quiere charlar, no quiere venderte nada, parece increíble! Hasta que te acordas de la señora que se desvió de su camino para acompañarte hasta tu hostel y que llegues bien; o la vez que no sabías que micro tomarte y le preguntaste a alguien que tampoco sabía, pero que enseguida te quiso ayudar y preguntó a uno y a otro, y de pronto tenías a tres o cuatro tailandeses debatiendo acerca de cual era la mejor opción para vos, con genuinas ganas de ayudar. Y te terminas dando cuenta de que la gente en Bangkok no es tan mala, que de hecho es todo lo contrario, que son realmente amables y que siempre están dispuestos a darte un mano. El micro llegó a Chinatown, tan rápido! Te hubiera gustado seguir charlando, pero intercambias un “Sawasdee ka” y te bajas, cámara y mapa en mano. El día no resultó como habías planeado, pero igual estuvo bien. Ya casi no llueve, volvió la humedad. Que calor! Es otro día común en Bangkok.