Primer encuentro cercano con Bangkok

Llegamos a Tailandia un domingo por la tardecita, después de unos días en Qatar. También acá hace calor, pero en comparación con Doha, esto es Siberia! Bueno, no tanto, digamos que es un verano promedio en el Norte argentino: caluroso, húmedo, inestable (temporada de lluvias). De modo que asi nos recibió Bangkok, con su calor húmedo y ese primer obstáculo que, parece, nos acompañará durante todo el viaje: el idioma. En Qatar todo el mundo habla inglés, cosa que no sucede en Tailandia, donde más bien es al contrario; unos pocos balbucean frases, muchos menos hablan fluidamente, y la gran mayoría se limita a intentar ayudar con la mejor intención pero sin mucho éxito. Así estábamos, dos argentinas tratando de dar nuestros primeros pasos en Bangkok, casi como Francella perdido en Nueva York. Luego de hacer migraciones y buscar nuestras mochilas, encontramos nuestro camino hacia el famoso SkyTrain que nos llevaría a nuestro hostel. El tren elevado que cruza la ciudad de Bangkok es realmente maravilloso! Hermosas vistas de la ciudad, muy rápido y además, con aire acondicionado. Si bien no es lo más barato, sin dudas es el medio más práctico para navegar a través del mar de gente y autos que es Bangkok, sin naufragar en el intento.

Bajamos en nuestra parada y… Hello, Tuk Tuk? Hello, where are you from? (O algo que sonaba así) Taxi, Taxi!… Y así comenzaba la aventura por la caótica y un poco olorosa Bangkok! caminamos hacia el hostel ya sudando bastante, y empezamos a ver un poco de lo que sabíamos que hacía a a Tailandia un país muy famoso. Puestos callejeros de comida, uno al lado del otro! Frutas trozadas (sandía, anana, mango, son las más populares), brochettes de mil tipos, incluso restaurante improvisados con mesas y menús bastante elaborados, y todo esto por supuesto en una calle angostisima, de doble mano, entre el incesante tráfico de motos, taxis de mil colores y peatones de muchas nacionalidades, todo conviviendo en un ordenado desorden. Llegamos a nuestro hostel y para nuestra sorpresa, había muchos pares de zapatos en el umbral de la puerta, del lado de afuera, sin nadie realmente cuidándolos. En la entrada, un cartel: “Please take off your shoes” (por favor, sacate los zapatos). Nos miramos con caras mezcla de desconcierto y duda, “yo no voy a dejar mis zapatillas en la calle, se van a robar todo!”. De todos modos nos descalzamos, y por las dudas, llevamos nuestro calzado adentro con nosotras (N. de la R.: Los zapatos seguían ahí al día siguiente, nadie se llevó nada). Llegamos a nuestro dormitorio, compartido con 6 o 7 viajeros, y luego de una ducha salimos en busca de la famosamente deliciosa comida tailandesa, que encontramos rápidamente caminando un poco entre los puestos callejeros de la zona. Como no contábamos con mucho efectivo y no queríamos ir al cajero, volvimos al hostel con nuestras panzas medio llenas pero corazones muy contentos para dormir, por primera vez, en Tailandia. Y así comenzó la aventura por el País de las Sonrisas, que según como yo lo veo, nos recibió con una sonrisa gigante!

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